Este problema no se produce por un exceso de hidratación, como podría pensarse, sino todo lo contrario. La falta de agua entre otras causas, satura la sangre de residuos ácidos y toxinas, haciéndola más espesa y menos capaz de aportar oxígeno. Las células, entonces, buscan preservar su PH ligeramente alcalino y empiezan a retener agua en sus membranas, ocasionando las inflamaciones. No consumir agua agrava el problema.